¿Control o Acompañamiento? Redescubriendo la Observación de Clases
Para muchos docentes, la entrada de un directivo al aula suele generar inquietud. Históricamente, la observación ha estado ligada a la idea de control y evaluación del desempeño. Sin embargo, de la mano de especialistas como Rebeca Anijovich, hoy estamos transformando esa mirada hacia un modelo centrado en el aprendizaje profesional y el diálogo compartido.
En este post, exploramos cómo convertir la observación en una herramienta potente para la mejora escolar.
1. Cambiando el sentido: De "vigilar" a "reflexionar"
La observación no debe ser un acto de fiscalización. El propósito fundamental es analizar la práctica para construir nuevos conocimientos. Anijovich sostiene que los docentes son productores de saberes específicos que surgen al resolver situaciones cotidianas; por ello, la observación busca valorar ese conocimiento y encontrar juntos caminos alternativos.
Para que esto funcione, el propósito de la visita debe ser transparente, compartido y consensuado con el equipo.
2. El "Efecto Galileo": Describir antes que interpretar
Anijovich utiliza una metáfora fascinante: cuando Galileo observó la luna, no se limitó a decir "es bella" (valoración), sino que describió que "tiene cráteres" (evidencia).
En la práctica directiva, esto significa:
- Diferenciar observación de interpretación: Antes de juzgar si una clase fue "buena" o "mala", debemos ser capaces de registrar hechos concretos.
- Evitar la "clase ideal": A menudo entramos al aula con un modelo preconfigurado en nuestra cabeza y evaluamos lo que no sucedió en lugar de lo que sí está ocurriendo.
3. Mirar con ojos de "extranjero"
A veces, la rutina nos impide ver lo obvio. Anijovich nos invita a desnaturalizar la mirada, adoptando la postura de un extranjero que se sorprende por lo cotidiano.
- ¿Por qué los bancos están dispuestos así?
- ¿Qué sentidos tienen las rutinas que repetimos mecánicamente? Interrogar estos supuestos nos permite redescubrir el sentido pedagógico de cada acción en el aula.
4. Los tres saberes del directivo observador
Para que la observación sea efectiva, el equipo directivo debe desarrollar tres competencias clave:
- Saber observar: Tener claridad sobre qué se va a mirar (focalizar) sin perder el contexto de la situación.
- Saber comunicar: Registrar evidencias claras, separar las emociones personales de los hechos y saber socializar los registros de forma constructiva.
- Observarse como observador: Reflexionar sobre nuestros propios prejuicios, nuestra biografía escolar y cómo estos influyen en lo que elegimos mirar.
5. Una mirada hacia el futuro
La observación no debe ser una "foto" estática para señalar errores. El enfoque de Anijovich nos propone una mirada proyectiva: usar lo observado para pensar en la próxima clase, apoyándonos en las fortalezas del docente y proyectando mejoras colectivas.
Conclusión: Observar una clase es, ante todo, un acto de acompañamiento. Si logramos pasar de la evaluación punitiva al análisis reflexivo, transformaremos nuestras escuelas en verdaderas comunidades de aprendizaje.
¿Cómo son las observaciones en tu escuela? ¿Logran generar ese espacio de diálogo? ¡Te leemos en los comentarios!